Revisión Freestyle Libre: un año después.

Bueno, este mes y esta revisión con el endo hacen justo un año desde que me planté el primer sensor Freestyle de Abbott. He de decir que he bajado la hemo un punto y medio, que mis dedos sufren mucho menos, y que hago en mi día a día que antes me intranquilizaban tremendamente, como conducir mucho rato, planificar excursiones  más largas, ir en bici por la ciudad…

Para mí, mucho más importante que las dos primeras cosas, es la tercera. Sabemos que esta enfermedad nos limita en muchos aspectos. Nos enfada, nos duele, nos cuesta explicar muchas veces algo tan “invisible”. Parece que desde el momento del diagnóstico, una se pasa el tiempo queriendo volver a sentirse confiada en la vida como antes, al menos, al principio. Y no, la vida no va a volver a ser como antes. Pero para mí, sin duda, es un poco más fácil gracias a los sensores. ¿Son exactos? pues no. No dan el valor del momento y muchas veces hay diferencia con el capilar. Ahora, también os digo, en mi día a día no tengo dudas en cambiar esa variabilidad por la tranquilidad de saber aproximadamente como estoy, y si los síntomas que estoy notando son efectivamente que voy hacia una hipoglucemia o no.

He de decir que en un año que llevo con ellos de forma ininterrumpida, ni uno sólo de ellos me ha salido defectuoso. Alguno se ha despegado (creo que han sido tres) y me lo han repuesto adecuadamente. Y hay soluciones para eso, he probado las vendas cohesivas y las toallitas Skin tac, ambas me han convencido.

Desde luego podría pedirles que el precio fuera menor, aunque para mí es un esfuerzo económico que merece la pena. También pediría que estuvieran subvencionados, como las bombas de insulina, pero sé que estamos en ello, así que tendremos paciencia (una vez más…).

 

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